¡Qué difícil es esto! Olvidar nuestro nombre, olvidar nuestro apellido. ¡Qué difícil resulta olvidar nuestros títulos, desconocer nuestros presuntos méritos, ignorar nuestra historia! Vivimos escribiendo continuamente en el fondo de nuestro corazón y en nuestra memoria, una historia de presuntas y supuestas hazañas. Vivimos recordando el día en que hicimos esto o en que logramos aquello, la persona por la cual nos sacrificamos en tal oportunidad, el bien o la empresa que en tal hora llevamos a cabo, los vínculos de gratitud que vinculan a éste y a aquél, a aquella organización y a esa comunidad, a aquella entidad, a la Iglesia misma. No ha muerto en nosotros el yo.
Nosotros, los apóstoles, tenemos que ser hombres sin historia, sin la historia que conocen los hombres, sin la historia que nos preocupa dar a conocer a los hombres. Nuestra historia está escrita en el corazón del Señor; El la escribió, El la guarda, El es el único que sabe leerla. También en esto rechacemos todo límite. Así dispuestos -al menos con el esfuerzo de nuestra voluntad, sincera y empeñosa- entonces sí que será cierto que Jesús nos empleará para empresas grandes y habrá llegado un momento en que se moverán las montañas a nuestro paso, porque mucho más difícil que trasladar de lugar al Aconcagua o al Tronador, es trasladar de la ignorancia, del error y del pecado a la vida de la Verdad y de la Gracia, el corazón de un solo hombre.
Y también les dejo algo que les había prometido....
Un fuerte abrazo en Cristo que fortalece! Hasta la próxima...

Al fin Sir Egui de Bruce en el blog... dura batalla para el llegar hasta aquí!!
ResponderEliminarPero no se esperaba menos de ud, gracias por tremenda iluminación con estos primeros párrafos!